miércoles

Saca la lengua, levanta el meñique!






Un día, la señora los vio, vestían de negro y caminaban, caminaban sin ser observados, invisibles, solo la señora que amaneció con una tristeza vaga e inútil los vio pasar.
Sentada en un silencio que nacía del polvo, del mismo polvo que le caía lentamente posándose en sus hombros, un polvo espeso, negro, con olor a leña vieja. Tierra que caía desde su techo hasta su memoria. Los siguió con la mirada, con la mirada de unos ojos que fueron verdes, verdes como el fondo, como el fondo, dónde había una pared que era verde como los ojos de la señora, una pared con la misma tierra, con el mismo polvo que seguía cayendo en sus hombros mientras los veía pasar, no dejaban de caminar, ya no hay cansancio, pensó, ella se cansaba, hay que cansarse por obligación, por respeto, hay que cansarse, si ella no se cansara la tierra que cubría su memoria no tendría ese olor y esa pared no sería verde, había que cansarse, ¿Por qué siguen caminando?, también algún día se cansaría de pensar y taparía la ventana, atraviesan esa ventana, todos, parecen iguales, todos, tratando de vencer la cotidianidad con movimientos semejantes al de la pataleta del niño, del niño .La señora tenia un niño qué bajo de la ventana y camino con ellos .
 Ellos los invisibles, visibles solo para las mujeres bajo tierra.

Foto de Santiago
Texto por Juliana

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