sábado

Que no se queden sin pasto






Tres pasos adelante. Cinco saltos al lado. Doña Leticia llora. Record personal en saltar las baldosas  del piso de la cocina de mi abuela.  Doña Leticia se levanta y se pasa el pañuelo por la cara. Tres pasos a la ventana, veo a algunos tíos fuera. Las manos levanta a la cabeza, él a los bolsillos, uno de los tres mira a los lados. Doña Leticia aparece donde ellos. Corro hacia ellos, llego en menos de un minuto, o lo mismo que me demoro de mi cama a donde ‘Perso’, mi oso.  Doña Leticia llora y grita. Sus hijos  levantan los brazos, él se lleva la mano del anillo a la boca, mi papá me mira triste. Mi niña -me dice- no es buen lugar para jugar, ve al árbol. Los miro. Tres saltos atrás, cinco pasos a la derecha, correr hasta cuando termine de decir Karencita, como me hago llamar. Salto, lo encuentro y me subo.

Doña Leticia llora. Se duerme de repente  y ellos se apuran en llevarla adentro, gritan. La van a despertar si siguen haciendo tanto ruido pensé. La volví a ver en la clínica, tenía un tubito que le comía la nariz. Aquel piso era también de ajedrez, batí algunos records. No pude volver al árbol, Doña Leticia fue a vivir a un sitio como el de nosotros, en un edificio que crece cuando  te le acercas. Está también ‘Nicanor’ que ya no corre, ni ladra fuerte. Estiro mis brazos seis veces, digo mi apellido cuando doy pasos adelante. Ya ‘Perso’ no pudo acompañarme cuando regresamos a donde la casita de Doña Leticia, y aquél árbol al que subía, y que fueron devorados por unos edificios. Al menos eso vi desde la ventana, y papá decía mientras señalaba. Llegamos a la plaza del  pueblito que recordaba haber cruzado al decir los nombres de todos los animales de mi libro. Tres  pasos largos diagonal izquierdo, decir cuatro veces ‘achís’. Un helado de melocotón por favor.

Foto de Juliana.
Texto parido por Santiago.

No hay comentarios: