
De noche, cuando las sombras se asomaban llamando a la oscuridad perpetua, tuvo por fin un flechazo. Empezó a escribir un poema y detrás un cuento, siguió tan rápido que las palabras se arremolinaban en sus dedos y parecían tropezarse unas con otras. De palabras claras pasó una conjunción maniática de una serie de cadenas que no significaban nada. En su cabeza la historia se iba formando perfectamente, pero lo que resultaba escrito asemejaba a una danza de zapateo en el teclado, nada correspondía con nada. Él seguía con la firmeza con la que había iniciado, hasta que súbitamente su cabeza sucumbió, sus ojos se desorbitaron y una babaza blanquecina salía por su boca. Su cuerpo al son de unos temblores intermitentes se desparramo por todo el suelo.
2)Barrios más al norte, ella había tenido la última pelea con sus padres. En uno de sus arrebatos, que se atribuían falsamente a sus efervescentes hormonas de adolescente, decidió irse con una maleta llena de algunas prendas, que al azar, pudo coger. Rompió con toda decisión varías alcancías, con la intención de recoger algo de dinero. De su mesa cogió la foto, un cuaderno, un lapicero y los empacó. Con el improvisado equipaje bajó las escaleras de a dos escalones por cada paso, como si tuviera prisa. Corrió sin rumbo por todas las calles desoladas de la ciudad. La iglesia cercana marcaba las 12 en un reloj antiquísimo. Sorprendida de su ataque momentáneo, se calmó y se sentó en un andén. No importó entonces lo sucio que estaba este. Las lágrimas empezaron a salir en un torrente de tristeza y desesperación, la respiración era interrumpida por sollozos y gritos sordos. Ella ya había decidido algo y el equipaje no le alcanzaría para tanto.
3)Habían marcado las doce cuando irrumpieron en la casa unos encapuchados. Reunidos bocabajo en la sala los habitantes se despertaron completamente del sueño que hace segundos los envolvía. Con un rifle en la cara, uno de ellos comenzó a rezar, mientras escuchaba los sollozos de los demás. Amenazándolos con distintas armas, apenas si hablaban, no entendían lo que les estaba pasando. Un disparo fulminante en la cabeza, terminó con la vida de uno de ellos, estupefactos y en silencio quedaron los demás. Después de varios minutos en los que se gritaban entre ellos y amedrantaban a los amarrados, los encapuchados tomaron su decisión. Temblando y llorando, los del piso apenas si se pudieron despedir. Al otro día, se reportaba la baja de los guerrilleros, se omitió por supuesto que uno de ellos tenía 5 años.
4)Los gritos los escuche desde el pasillo. Las enfermeras entraban y salían, y varias se tropezaron con mi abuela que intentaba preguntar por su hija. Minutos después, con un gesto sombrío, salió el doctor quitándose los guantes manchados de sangre. Hablo con mi abuela, quien soltó un gemido que se derivó en un llanto profundo, el médico la abrazó. Minutos después, estabilizándose, se me acercó y me dijo que todo estaría bien, y que sí, que lo podríamos llamar Arturo.
5) Llegó la llamada con la muerte de José Saramago, tenía 87 años y un nobel encima.
6)Planeta Esqueleto se puso su camisa naranja, salió a caminar, se tropezó y quiso llorar varias veces. Así, se imaginó los primeros días de todos los planetas.
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